Bienvenidos a la página Web del escritor Félix J. Palma, cuentista y novelista, no necesariamente en ese orden. Aquí podrán encontrar información completa y actualizada sobre el autor y su obra. Si desean una aproximación más cercana, pueden visitar su blog, donde el autor habla de todo lo que se le ocurre, desde su concepción de la literatura hasta sus series favoritas.
LA HORMIGA QUE QUISO SER ASTRONAUTA
Enviado por Félix el Dom, 31/05/2009 - 12:27.
Mañana será un día especial por muchas razones. Una de ellas es que arribará a las librerías mi novela La Hormiga que quiso ser astronauta. Para los despistados, advertiré que no se trata de una novela escrita tras El mapa del tiempo, sino de la reedición de mi primera novela. Para ser exactos, la escribí durante el verano de 1996, es decir, hace ahora la friolera de trece años, aunque se publicó en 2001, de la mano de Quorum, mítica librería gaditana que por aquel entonces inició una línea de narrativa que desgraciadamente hoy se halla clausurada (¡juro que no tuve nada que ver!).
Quienes, tras leer El mapa del tiempo, se acerquen a esta obra, se sorprenderán de las escasas similitudes que tiene con ésta, tanto temática como estilísticamente. Incluso es posible que quienes hayan leído mis relatos sufran una desorientación parecida. Para tratar de explicar el por qué esta novela difiere tanto del resto de mi producción, lo mejor es hacer un poco de historia y contar las circunstancias en las que la escribí. En el lejano 1996 yo aún no había publicado nada. Por aquel entonces lo único que había en mí de escritor era el deseo de serlo. Y probaba mis armas escribiendo relatos, que luego enviaba a cualquier ayuntamiento o peña que tuviera un certamen literario, por ignoto que fuera, y he de decir que sin demasiada fortuna. Supongo que fueron mis pobres éxitos en dicha modalidad lo que me llevó a plantearme un cambio de género y atreverme con una novela. Por aquellos años varias novelas de autores menores de treinta años habían reventado el mercado editorial, obteniendo algunos premios prestigiosos (básicamente el Nadal) y demostrando que existía un público lector de su misma edad que estaba harto de leer crónicas de la Guerra Civil o tremebundas historias rurales, un público que demandaba historias que retrataran el ambiente en el que se movían, novelas que radiografiaran el mundo de la noche, de las drogas de diseño, de los polvos en los servicios y portales, del paro, del desnivel generacional, novelas que desacralizaran el amor y, en general, todos los valores heredados de nuestros mayores. Y que, además, abordaran todo eso con un lenguaje directo, malsonante y descarnado, donde la literatura podía resultar un estorbo. Me gustara o no, ésa era la novela que entonces buscaban las editoriales, las obras que ganaban los premios más conocidos, las novelas que todos estaban escribiendo porque no exigía demasiado bagaje ni demasiado esfuerzo. Así que si quería escribir una novela que me concediera el soñado estatus de escritor, es decir, que se publicara y se vendiera, debía comprarme una chupa de cuero y subirme a ese carro. Sin embargo, por mucho que lo intenté, me resultó imposible rebajar mi escritura para imitar aquel estilo plano y sin brillo que llamaban "neorealismo". Por otro lado, mis sábados por la noche eran muy distintos a los recogidos en aquellas novelas. Había un modo de vivir la noche diferente a aquel, lo juro por Dios, que era el que yo conocía, y el que me apetecía reivindicar. Así que se me ocurrió escribir una novela que más que seguir aquella moda, la parodiara. El resultado, probablemente, nada tenga que ver con aquel propósito, pero, como suele decirse, de buenas intenciones está empedrado el camino hacia el infierno.
Aún me sorprende haberla escrito en apenas tres meses. Mientras mis amigos invadían la playa, yo me encerraba durante aquel verano a aporrear las teclas con desesperación y urgencia, pues el plazo del premio Nadal terminaba a mediados de septiembre, si mal no recuerdo. Y una de las cosas que puedo asegurar sobre esta novela, es que nunca me lo he pasado tan bien escribiendo algo, y creo que eso se percibe en cada párrafo. Tanto por su argumento -las andanzas de un estudiante casi treintañero en la bella Sevilla, que se plantea qué diablos hacer con su vida, mientras por su sofá de alquiler desfila un ejército de mujeres, casualmente en orden alfabético, en cuyos besos intentará encontrarse a sí mismo-, como por su tono, una prosa flexible e informal donde cualquier cosa cabía, La Hormiga... es quizás la única novela que he escrito sin tener la sensación de estar trabajando, libre de angustias y dudas, divirtiéndome. La escribí sin ningún tipo de planificación, como quien tira de un hilo, y le eché el cierre cuando llevaba escritas las suficientes páginas para que aquello pareciera una novela.
Huelga decir que no gané el Nadal. Un par de años después, la editorial Pre-textos publicó El vigilante de la salamandra, mi primer libro de relatos, que levantó encendidos aplausos en los suplementos literarios. Sin embargo, no me atreví a decepcionar al personal publicando a continuación una novela tan poco ambiciosa como La Hormiga..., que suponía un giro demasiado distinto en la trayectoria que inauguraban los relatos, así que la guardé en un cajón, no sin cierto dolor, pues en el fondo sabía que era una obra divertida y optimista que no merecía tal encierro. Finalmente acabé publicándola con Quorum, que hizo una tirada discreta, casi para los amigos, y crucé los dedos. De los comentarios que despertó, me quedo con el de Javier Goñi, en Babelia, que supo ver que aquella no era la novela que yo podía dar, pero que ofrecía una agradable lectura. Goñi escribió: "una novela no demasiado bien cosida, que se queda en dos o tres historias de amor y desamor que funcionan perfectamente como relatos".
Sin embargo, se trata de una de mis novelas con más fans acérrimos. Uno de ellos es mi amigo Luis G. Prado, que me ha animado a rescatarla ahora, para inaugurar su colección Marelle. En la nota que acompaña a la edición, Luis asegura: "No me resisto a dar por concluida la edición de esta novela de Félix Palma sin añadir una nota de advertencia: hará bien el lector en recordar que esta obra fue escrita en 1996. Antes de El club de la lucha (1999) de David Fincher, con la que tiene en común el desdoblamiento del protagonista. Antes de Amélie (2001) de Jean-Pierre Jeunet, cuya protagonista va por la vida pintando de colores inventados su villa de París, como el héroe de Palma hace con Sevilla. Y antes de cualquiera de las películas de Michel Gondry, notablemente La ciencia del sueño (2006), cuyo personaje principal tiene diagnosticado el mismo mal de inmadurez que Alejandro y aplica el mismo remedio: una imaginación desbordante que rompe las barreras entre lo real y lo ilusoria. Entonces, más que una novela sobre la generación de Peter Panes que ahora frisa los cuarenta, más que una oportunidad de enamorarse (varias veces), más que un relato emocionante e hilarante, más que un reprocesamiento de material biográfico para diversión del respetable, quizá lo que mejor defina a esta novela sea justamente esa capacidad de anticiparse a grandes fenómenos estéticos de la década siguiente. Sí, los lectores sin duda lo han visto antes; pero Palma lo contó aquí primero".
Otra de las personas que sienten debilidad por esta obra, es mi amigo y colega Juan Bonilla, que ha tenido la amabilidad de escribir el prólogo, en el que dice: "Lírica y disparatada, La Hormiga... es un catálogo de mujeres, desde luego, y también un retrato de la impotencia: la impotencia de elegir. Este imponente homenaje al amor -aunque se salde paradójicamente con la evidencia de que el amor es un invento que, como los martillos, pueden servir para colgar cuadros en las paredes o para descalabrar a alguien- proporciona, además de una lectura vertiginosa y muy divertida, la sensación impagable de estar ante un excelente narrador que se atreve, en épocas de telegramas más o menos cursis, a ser un auténtico estilista."
En fin, poco más puedo añadir yo, salvo animaros a aventuraros en sus páginas. La diversión, al menos, está asegurada.
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Agradecimiento
Hola Félix; sólo quería agradecerte, en nombre de todos mis compañeros del taller de Miguel Angel, tu visita de ayer.
Resultó muy amena e interesante, lamento no haber dispuesto de más tiempo para escucharte, pero en fin, otra vez será.
Un saludo.
¡¡¡Otra vez la Hormiga!! Me
¡¡¡Otra vez la Hormiga!!
Me parece genial, ha sido un recuerdo muy muy refrescante.
A mí me encantó esta novela. Es una locura.
¡Le deseo la mejor de las segundas partes, que sea bienvenida!
O sea que el ejemplar que tengo yo ya es una reliquia...
Un abrazo fuerte, Félix (me voy este finde a firmar a Zaragoza, así que no te veo en Madrid...)
La hormiga que quiso ser astronáuta
Hola, Félix: yo he leído la Hormiga, la versión primera, la de Quorum.
Pienso que es una obra disparatada, divertida, cuyo protagonista más loco que una caba en el Metro en horas punta, nos cuenta tres o cuatro historias de amor no muy bien conectadas que podrían funcionar como relatos independientes.
Nada que ver con El Mapa del Tiempo, que estoy leyendo ahora. Voy por la página 240 y ya se la he recomendado a mis amigos.
Te deseo un gran éxito con ambas obras.
Un cordial saludo.
Juan Pan.
RESEÑA EN LA BIBLIOTECA IMAGINARIA
Podéis leer una reseña de LA HORMIGA QUE QUISO SER ASTRONAUTA en LA BIBLIOTECA IMAGINARIA, www.labibliotecaimaginaria.es
Besos,
Cris
La hormiga que quiso ser astronauta
Enhorabuena por esta reedición, la pillaré en cuanto se me ponga a tiro.
Te sigo desde los tiempos de "El vigilante de la salamandra" y me alegro de tus últimos éxitos. Saludos.
Hormiga
Hola Félix:
Por si estás interesado, te dejo un enlace en el que escribí algo sobre tu Hormiga:
http://mobymelville.blogspot.com/2009/11/la-hormiga-que-quiso-ser-astronauta.html
Un saludo, Daniel.
Hola Félix: Por si estás
Hola Félix:
Por si estás interesado, te dejo este enlace en el que escribí acerca de tu Hormiga:
http://mobymelville.blogspot.com/2009/11/la-hormiga-que-quiso-ser-astronauta.html
Un saludo, Daniel.
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