Bienvenidos a la página Web del escritor Félix J. Palma, cuentista y novelista, no necesariamente en ese orden. Aquí podrán encontrar información completa y actualizada sobre el autor y su obra. Si desean una aproximación más cercana, pueden visitar su blog, donde el autor habla de todo lo que se le ocurre, desde su concepción de la literatura hasta sus series favoritas.
blog de Félix
HISTORIAS INOLVIDABLES
Enviado por Félix el Dom, 22/08/2010 - 09:09.
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Queridos amigos: aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el suplemento Babelia, a cargo de Ana Rodríguez Fischer:
Uno de los escritores que con más firmeza y sabiduría ha transitado el siempre difícil territorio del cuento es Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968), que ahora en su quinto libro, El menor espectáculo del mundo (Páginas de Espuma), nos deleita con historias ambientadas en la vida cotidiana, que les suceden a gente normal y corriente, y en las que anidan el absurdo, la ternura, el prodigio, el disparate, la desolación, el ridículo, la fantasía o el amor, que es el sentimiento que alienta en las nueve historias de El menor espectáculo del mundo, donde Félix J. Palma narra lo que es capaz de hacer un padre atrapado en un trastero para recuperar a su hija secuestrada por una vecina loca; las fantasías de un pusilánime que un domingo por la tarde mirando por la ventana pasa de ser un hombre irresoluto a convertirse sucesivamente en el Intrépido, el Bravo, el Abducido, el Perplejo y el Hastiado; lo que sucede el día en que Mateo -un jubilado que pasa las mañanas con dos amigos apostados a la entrada de urgencias del hospital clínico viendo llegar las ambulancias y aventurando- decide subir a los infiernos; el síndrome de Karenina o los secretos que esconden los Crespillo descubiertos en la semanal comida de domingo en casa de los suegros; la transformación de un cuento para niños en un relato descarnado y escabroso como la vida que una madre engañada le cuenta a su hija porque "mejor que lo aprendas desde ya, cielo. Así sufrirás menos"; o El País de las Muñecas, un muy elegante homenaje a Kafka, donde se cuenta la conmovedora e inteligente reacción de una niña que recibía cartas de su muñeca "viajera" explicándole los motivos de su repentina fuga cuando es la madre la que "se ausenta" de casa.
Con una asombrosa capacidad para sacarle punta a lo banal y anodino, un humor dúctil, un ritmo narrativo muy bien medido y un lenguaje repleto de hallazgos brillantes, Félix J. Palma convierte cada relato en una historia inolvidable.
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EMOCIONES UNIVERSALES Y TURBADORAS
Enviado por Félix el Sáb, 21/08/2010 - 09:23.
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Queridos amigos: aquí os dejo la reseña de Alejandro Serrano en el excelente blog fantasymundo.com:
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UNA VOZ PROPIA Y DISFRUTABLE
Enviado por Félix el Sáb, 21/08/2010 - 09:12.
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Queridos amigos: aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el imprescindible blog La tormenta en un vaso:
Julián Díez
No se me ocurre logros más significativo para un escritor de 40 años que el de haber consolidado una voz propia. Es bueno que Félix J. Palma parezca haber dejado atrás su etapa de concursante en premios de relatos, puesto que estoy seguro de que cualquier jurado mínimamente atento a lo que pasa de interesante en la literatura española ya podría detectar el peculiar regusto de sus historias a distancia. Ese empleo de la ironía como arma para la ternura en el tono, en particular, así como sus construcciones siempre al borde del abismo —a una palabra de la sobreadjetivación, a una subordinada del exceso— construyen párrafos bellos y reconocibles, extrañamente precisos en su barroquismo.
También sus temáticas son —siempre en injusta generalización— coherentes, con personajes dolidos en su mediocridad a los que la súbita llegada del elemento fantástico hace cambiar sus perspectivas vitales. En el caso del volumen que nos ocupa, es recurrente el tema del amor, «el menor espectáculo del mundo, porque sólo puede ser visto por dos espectadores al mismo tiempo». Lo que hace a varios de los relatos presentes en este libro memorables es precisamente la combinación sabia de estos factores, aderezados con un condimento adicional según el guiso que iremos conociendo a lo largo de su degustación: la pesadumbre cotidiana de “El país de las muñecas”, la experimentación con ucronías mínimas en “Las siete vidas (o así) de Sebastián Mingorance”, el humor sobrenatural de “Margabarismos”, unas gotas ambiguas del cuento tradicional de fantasmas en “Bibelot”.
Los citados son, a mi juicio, los sobresalientes del volumen, con especial mención para “El país de las muñecas” y “Bibelot”, potenciales clásicos en su extensión perfecta y su sabiduría en la dosificación argumental. Como es natural, a cambio también hay alguna pieza de fondo de armario, como el bienintencionado y predecible “Un ascenso a los infiernos”, pero incluso en esos argumentos más trillados es capaz Palma de aportar satisfacciones al lector en forma de punteos ingeniosos, de saber hacer.
Tras la decepción que para mí supuso la exitosa novela El mapa del tiempo —sé que estoy sólo al respecto, quizá sea una tara de viejo aficionado a la ciencia ficción—, El menor espectáculo del mundo viene a reafirmar las emociones que me ha producido la carrera de Palma desde sus inicios. Estamos ante un cuentista mayúsculo, de talentos únicos, que además lleva más de una década ofreciendo un camino viable de mixtura entre las exigencias de la literatura española tradicional y la innovación procedente del campo de la literatura fantástica. Un escritor necesario, pero también, y sobre todo, disfrutable.
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UN LIBRO ENTRAÑABLE Y POÉTICO
Enviado por Félix el Sáb, 21/08/2010 - 09:02.
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Queridos amigos: aquí os dejo la reseña de Pilar Castro sobre El menor espectáculo del mundo aparecida en El Cultural de El Mundo:
Entre una dosis bien calculada de ironía ácida, un inteligente requiebro apuntando a ciertos golpes bajos de la realidad, un atinado tono paródico aireando asuntos que a todos atañen, y una pizca de hondura poética sazonando peripecias estrambóticas discurre la fórmula creativa del gaditano Félix J. Palma (1968), un cuentista que viene abriéndose paso en este género. Y no le han faltado reconocimientos (como evidencia la buena acogida de su novela El mapa del tiempo) ni ha dejado de estar presente abanderando la causa del relato, con el aval de escritos donde encuentran acomodo la calidad literaria y un humor que roza el absurdo resultando entrañable, sugestivo y poético.
Con El menor espectáculo del mundo suma ya cinco títulos a su haber cuentístico. Lo componen nueve relatos que ilustran con tino los rasgos de su personalidad creadora. Nueve historias independientes como los números de un espectáculo circense, unidos por la intención de hacer que los hombres asuman el poder de la palabra para narrar (no solo) sus desventuras amorosas parodiando el fracaso, asumiendo, a veces, con resignación, los tiempos muertos de la vida conyugal, y a veces lanzándose a una pirueta desesperada para evitar la caída. El más atrevido en sus cabriolas y en la composición (“Margabarismos”) desmonta la historia sentimental de Mario, un hombre obsesionado por atender a las pintadas del retrete del bar que frecuenta, mientras pierde a su mujer, como pierde el trabajo y la cordura “en lo que tarda en soltarse un hueso”. La baza de la sorpresa ilustra “El país de las muñecas”, donde la anécdota de Kafka y sus cartas de consuelo a una niña que ha perdido su muñeca sirve de soporte a un argumento que flaquearía si no fuera por el giro inesperado con el que corona las últimas escenas. Entren también en “Las siete vidas (o así) de Sebastián Mongorance”. O en la concentrada intensidad narrativa de “Una palabra tuya”, en el que un incidente absurdo deja encerrado en un trastero a un padre que disponía del tiempo justo para recoger a su hija. Y para terminar, “Bibelot”, una fuga conmovedora, o un consuelo frente a esas maneras de amar o de dejar de hacerlo: crear un mundo dentro del mundo, en el que poder ser felices con sus propias leyes. Sólo hay que esperar que alguien lo sacuda. ¡Pasen, pues, y lean!
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ARS PALMAE
Enviado por Félix el Vie, 20/08/2010 - 11:54.
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Queridos amigos: aquí os dejo una reseña de EL MENOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO aparecida en Culturamas:
EL MENOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO
Por Miguel Ángel Mala.
A modo de advertencia, me gustaría dejar clara una cosa: nos hallamos ante un ente revolucionario del cuento fantástico. Y lo es por una cuestión de tiempos. Donde los autores tradicionales de género fantástico suelen poner punto y final a sus obras, ahí es donde las comienza Félix J. Palma.
Esta afirmación, que he escuchado al menos dos veces de la boca del propio escritor, le confiere a sus textos un sabor inconfundible. Porque trata de hacer verosímil lo inverosímil, y es en esta pugna sin tregua en la que se forjan sus historias. Palma es un maestro en el arte de hacer cotidiano lo fantástico y fantástico lo cotidiano. Para ello, estudia minuciosamente los quehaceres del día a día, poniendo sobre la malla de su particular circo de palabras a hombres y mujeres corrientes, que se ven, sin saber bien cómo, enmarañados en circunstancias extravagantes, increíbles, fuera del orden normal de las cosas. Y es por su naturaleza cotidiana por la que aceptan esos hechos como normales y tratan de continuar con sus vidas como si nada hubiera ocurrido, como si no fuesen ya parte de un engranaje narrativo en el que, mal que les pese, tienen una función que cumplir.
Estos personajes están enfrascados en vidas grises, y en la mayoría de los casos “…se sienten estafados por su destino”. Sin embargo, dentro de estas vidas monótonas, plenas de hastío y herrumbre, algunas personas se imaginan que son lo que no son, como en un cuento infantil. Así sucede, por ejemplo, en “El valiente anestesista”, que mezcla la cruda realidad con la idealizada trama de un cuento de hadas. Sin embargo, sus nombres responden a la actualidad más cercana y trivial. Palma no recurre a países exóticos, no nos hace viajar a culturas diferentes que mitiguen el peso de lo real. Al contrario, se afana en que comprendamos que esos personajes pertenecen a un ambiente conocido, insertándolos en la más pura tradición carpetovetónica. Así, los llama Victor Cordero –”El país de las muñecas”-, Mateo y la Dolores –”Un ascenso a los infiernos”–, Eva, Jacobo, Alfredo –”El síndrome de Karenina”–, nombres extraños a la fantasía tal y como veníamos conociéndola de mano de otros autores.
Por otro lado, en su lucha contra la capa gris que recubre el día a día, el recurso palmiano más efectivo –después de lo fantástico– es el humor. Un humor ocurrente, sin cortapisas. Hablando de una tabla de planchar, dice que “enseguida perdió el equilibrio y volvió a inclinarse sobre mí, como un compadre borracho”. O éste otro ejemplo, en el que, al hablar de las manos de un hombre que se dedica a la carpintería, dice que estaban “…surcadas de cortes y rasguños, como si hubiese tratado de masturbar a un gato”. Se trata de chanzas que arramblan con los conceptos más sagrados, principalmente el amor o la muerte, despojando al mundo de toda solemnidad, de toda pompa, de todo dogma y confiriéndole, por ende, una suerte de gozo vital que nada ni nadie –ni las peores circunstancias que los personajes puedan atravesar– logra destruir. Es, por tanto, su discurso el de un cronista sarcástico, dispuesto a extraer el jugo a las situaciones más rocambolescas.
Los cuentos suelen depender de un personaje, cuya voz narrativa, a modo de hilo de conciencia, nos conduce a través de los hechos, casi siempre vistos a través de una primera persona o de un falso narrador omnisciente, que utiliza al protagonista para mostrarnos lo sucedido y sólo ocasionalmente –en los fuegos artificiales del final de feria– abandona su sumisa actitud y nos muestra su cara omnipotente, sorprendiéndonos con la información que hasta entonces nos había resultado vetada. Félix J. Palma, en este sentido y en muchos otros, es un tahúr de la palabra, un buhonero que instala su panoplia de personajes frente a nosotros en mitad de una calle nutrida y nos encandila con el poder de su magia, que nace de un conocimiento maestro de la técnica del cuento fantástico.
Aunque, para ser justos, este libro no ahonda demasiado en los mundos imposibles a que nos tenía acostumbrados, salvo en un par de casos –”Margabarismos” y “Las siete vidas…”–. El resto son historias que rozan lo fantástico pero no llegan a sumergirse en mundos alternativos. Palma nos obsequia con una colección de cuentos que llevan su marca de fábrica pero que no sobrepasan el límite de lo verosímil, encauzando lo inaudito por las galerías de la casualidad y del desconcierto más que vulnerando las leyes de lo posible. Y no obstante, uno sigue teniendo cierto regusto a fantasía en el paladar cuando saborea los cuentos.
Sorprende, por otra parte, la suavidad con la que trata a sus personajes, envolviéndolos en un halo de ternura que los desdibuja, jamás los maltrata o los maltrata con cariño, consciente de que uno de sus puntos fuertes es la creación de personajes entrañables –ver, como ejemplo significativo, cualquiera de ellos en este libro y en los demás, pero por poner un ejemplo el Alberto de “Bibelot”–. Su prosa es suave, sus narradores bienintencionados –aunque a veces cometan crímenes horribles–, su naturaleza es la de un soñador que decidió dedicarse a la escritura porque se le daba mejor que pintar o esculpir o dirigir películas, pero ante todo –antes que escritor, me aventuraría a afirmar– es un soñador de mundos posibles, de nuevas realidades y de nuevas formas de entender nuestra propia realidad.
A este respecto, hay una frase que me llamó fuertemente la atención durante la lectura, y que creo que sintetiza la actitud de Palma ante sus creaciones: “Desde el sexto piso, el mundo me parecía siempre un confuso hormiguero, proclive a ser examinado con el desapego de una divinidad o un francotirador.” Él es ese Dios o ese francotirador –¿por turnos, quizás?– que se encarga de crear y disparar sobre las cabezas de sus personajes. Y lo hace con una técnica exquisita. La dosificación de los datos se produce con la meticulosa sistematicidad de un mecanismo de relojería. El cuento se reduce a una raspa de pescado, a una columna vertebral de trama que es engrosada con los tendones y el músculo del estilo. Nada sobra, ningún dato es baladí y, como Chéjov afirmaba –quizás no sin cierta ironía–, en las obras de teatro si se cuelga una pistola en el primer acto –véase “Un ascenso a los infiernos”–, en el tercero será disparada.
Pero esta perfección técnica en ocasiones tiene sus grietas. En los diálogos puede pecar de cierto barroquismo que acerca peligrosamente al narrador y a los personajes. Es éste quizás su punto débil, algo que a los autores tan poderosos en sus discursos íntimos les resulta siempre difícil, una signatura pendiente que les impide desarrollar los diálogos con la conveniente fluidez y frescura.
Y a pesar de esta demostración de fuerza narrativa, Palma no es más que un funambulista del sentimiento. Los personajes son hombres y mujeres esbozados, sí, pero sintientes. Son seres emotivos que sufren y gozan con intensidad, y que por encima de todo ansían ser queridos por aquellos que les rodean. Buscan una ternura, un aprecio que les es negado o que ellos niegan para vengarse de su gris realidad, de sus grises existencias, de su falta de coraje para enfrentarse a los contratiempos y vencer sobre su propia pereza o cobardía. Y en este sentido somos todos nosotros los que nos vemos reflejados en estas crónicas fantásticas de lo cotidiano, en esos seres sin brillo que de pronto se ven mezclados en aventuras absurdas, irrisorias o abiertamente imposibles, que de algún modo restauran esa pureza, esa genialidad que todos teníamos cuando éramos niños.
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ESCALOFRÍO Y VÉRTIGO
Enviado por Félix el Vie, 20/08/2010 - 11:43.
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Queridos amigos: aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el blog Tropezando con melones, del genial escritor David Torres:
El menor espectáculo del mundo
Persiste entre la crítica literaria española un lugar común que viene a decir que el cuento es un género al que ni editores ni público hacen el menor caso y que, en consecuencia, apenas tiene cultivadores de relevancia entre nosotros. Como tantos otros lugares comunes, éste es a medias verdadero y completamente falso. En concreto, la primera parte del aserto es cierta casi de cabo a rabo: no hay aquí una sola revista que fomente la difusión del género y causa estupor (cuando no causa vergüenza) el hecho de comparar las tarifas que manejan ciertos medios españoles comparados con sus (llamémoslos así) homólogos americanos. El término medio de un relato por encargo suele rondar los trescientos o cuatrocientos euros y raro, muy raro, es el afortunado que alcanza los mil. En los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, John Cheever, Truman Capote y una buena docena de autores de primera fila sobrevivían a base de encargos de revistas que pagaban puntualmente mil o mil quinientos dólares por relato.
No obstante (y es un obstante bien gordo) existe un público exiguo e inquebrantablemente fiel que ha dado lugar a que pequeñas aunque tercas editoriales se nutran casi exclusivamente de relatos; un público que ha dado lugar a la aparición de librerías consagradas única y devotamente al género. Es la segunda parte del aserto la que resulta falsa por completo, apenas uno repara en una lista de nombres que incluye a Juan Bonilla, Hipólito G. Navarro, Pilar Pedraza, Ricardo Menéndez Salmón, Eloy Tizón o Juan Manuel de Prada, entre otros que han hecho del cuento y del relato breve uno de los pilares si no el centro mismo de su universo literario. Eso por no mencionar de una serie de orfebres casi secretos, como César Romero o Diego Prado. Pero, en puridad, bastaría un solo nombre para confirmar la excelente salud del género en España. Me refiero a Félix J. Palma.
El último libro de Palma sorprende desde el título (El menor espectáculo del mundo) y sorprende más aun cuando el lector se entera de que se trata de una colección de relatos que no tuvieron acomodo en otro sitio. Desde la aparición de El vigilante de la salamandra, hace ya doce años, cualquier aficionado sabe del talento, la destreza y la imaginación del artífice gaditano, pero el poderío, la capacidad inventiva y la libertad que muestra en este volumen suponen un no va más, un más difícil todavía que aluden al desafío implícito en el circense título.
Y, como en el circo, no hay truco ninguno, ni trampa ni cartón, nada más que los hilos de una imaginación soberana que arma sus espectáculos en la intensa carpa de unas pocas páginas. Resumir la trama de estos relatos es una tarea fútil amén de peligrosa porque, como dijo Borges de Cortázar, cada relato de Félix consta de un número determinado de palabras en un determinado orden: si intentamos resumirlo, verificamos que algo precioso se ha perdido. De cualquier modo, vamos allá.
En El País de las Muñecas, un padre intenta repetir para su hija la parábola de Kafka, quien en sus últimos días escribió para una niña una serie de cartas, haciéndose pasar por su muñeca perdida. Sin descomponerse ni hincharse, el relato se transforma en un mortal ejercicio de juegos malabares donde flotan también los celos, el amor y la traición. En Margabarismos, un hombre se comunica con el más allá a través de los mensajes escritos en la puerta del retrete de un bar. En El síndrome de Karenina, un novio inminente descubre un indiscreto drama familiar inserto entre las páginas de un libro de Tolstoi. En Las siete vidas (o así) de Sebastian Mingorance, el narrador emprende un formidable tour de force al hacer que su personaje se vaya desdoblando y triplicando con cada decisión que toma.
Como traca final, Bibelot, un relato pluscuamperfecto que podría honrar cualquier antología del género de cualquier época y lugar, uno de esos cuentos que no parecen escritos sino transmitidos de generación en generación por la memoria de la tribu, como los chistes inmortales, las fábulas de amor o las logias fantasmales al calor de la lumbre. Es decir, la historia de un vendedor a domicilio que se hace pasar por el hijo muerto de una anciana demente, todo ello encerrado en el milagro de una de esas bolas encantadas que se sacuden y caen la nieve, llamadas precisamente bibelot.
Muchos autores de mi generación, yo el primero, perdimos años, si no décadas, pensando que alguna vez podríamos escribir un cuento digno de Cortázar, es decir, capaz de ese delicado estremecimiento que es a la vez escalofrío y vértigo, delicia y horror. En mi opinión Félix J. Palma es el que mejor ha aprovechado el tiempo.
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UNA OBRA SUGERENTE
Enviado por Félix el Vie, 20/08/2010 - 11:31.
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Estimados amigos: aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el blog Aburreovejas. Como en la entrada anterior, está ilustrada con fotos de otro de nuestros encuentros sobre viajes en el tiempo.
EL MENOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO
Seis años han pasado desde que Algaida publicó Los arácnidos, la anterior colección de relatos de Félix J. Palma; un periodo en el que ha estado enfrascado en la escritura de Las corrientes oceánicas primero y de El mapa del tiempo después, tiempo en el que apenas ha cultivado los cuentos… al menos al ritmo que nos tenía acostumbrados. Para llenar este hueco la editorial Páginas de espuma ha reunido sus últimos cuentos en El menor espectáculo del mundo. Un volumen de apenas 200 páginas que recoge nueve piezas, el complemento perfecto a las anteriores colecciones de Palma además de una puerta de entrada ideal para aquellos lectores que desconozcan su faceta como escritor de narrativa breve.
Los mejores cuentos se sitúan al comienzo y al final deEl menor espectáculo del mundo. El primero, “El país de las muñecas”, se centra en un padre que al no encontrar la muñeca preferida de su hija, para no desilusionarla, escribe una serie de cartas en las que, haciéndose pasar por la muñeca, relata su fuga y las aventuras que vive mientras busca el legendario país de las muñecas. Detrás aparece una crisis en su matrimonio que, como suele ocurrir en muchos relatos de Palma, se encuentra estancado en la rutina. Igualmente se vislumbra otro rasgo que reaparece en otros relatos: la importancia de la ficción (literaria o no) como tabla de salvación. Ya sea para romper la monotonía, insuflar color en la vida, vencer a la soledad, comunicar sentimientos…
Otra pareja aquejada por una vida aburrida y sin emoción capitaliza “Margabarismos”, donde un hecho fortuito deja al descubierto la infidelidad de un marido con la hermana de su mujer. En este caso aparece un elemento fantástico que redefine esta situación convencional con un pequeño aldabonazo: unas misteriosas pintadas que aparecen en la puerta del baño de un bar de mala muerte a través de las cuales el tío fallecido del marido le anuncia lo que va a ocurrir. “Margabarismos” es una singular historia de fantasmas en clave española que muestra otro de los rasgos de Palma: un toque irónico más o menos ácido que, sin llegar a ridiculizar a sus personajes, quita hierro al patetismo en el que viven sumidos. Un mecanismo que dota de un humor delicioso a algo que, de otra manera, sería sumamente triste.
Pegando un brinco hasta el último cuento de El menor espectáculo del mundo, cierra la colección “Bibelot”, cuento publicado hace unos años en la primera edición de la antología Paura que relata el encuentro fortuito entre un joven vendedor de enciclopedias y una anciana que lo confunde con su hijo. Lo interesante de “Bibelot” está en que la narración se enrosca sobre sí mismo a través de un juego de reflejos que tanto se presta a una lectura realista como, si el lector así lo prefiere, una fantástica. Una ambigüedad que unida a la emoción que lo impregna redondea un soberbio relato sobre la soledad.
En medio se encuentran el resto de piezas que no desmerecen para nada a este triunvirato y que nos sitúan ante situaciones cotidianas que se deslizan en diversos grados hacia lo insólito. Tal es el caso de “Una palabra tuya”, en el que un padre encerrado por azar en un cuarto de su casa se consume pensando en cómo escapar para recoger a su hija pequeña que le espera en la puerta del colegio. Por momentos me recordó a La silla de David Jasso, aunque se le echa en falta una atmósfera un poco más angustiosa. O “Un ascenso a los infiernos” en el que tres ancianos se reúnen mañana tras mañana en la puerta de urgencias de un hospital y donde a partir de la soledad germinan sentimientos como el compañerismo, el amor o el sacrificio. O “El síndrome de Karenina” donde los secretos más profundos de una familia se esconden en una biblioteca repleta de subversivas revelaciones. O en “Las siete vidas (o así) de Sebastián Mingorance”, que despliega las diferentes posibilidades de un día en la vida de un hombre anodino según las elecciones que toma cuando sale de casa. Quizás el cuento más endeble pero, a la vez, el más ambicioso y estimulante.
El menor espectáculo del mundo es una obra sugerente con la que me he “reconciliado” con Palma después de la leve decepción que me supuso El mapa del tiempo. Espero con interés su próxima novela, pero sobre todo aguardo una nueva colección de relatos que, me temo, tardará demasiados en llegar. Un nuevo catálogo de miserias humanas fraguadas con humor, contención, un estilo muy cuidado y auténtica pasión por el arte de contar historias. Mención aparte merece el esfuerzo de Páginas de espuma por continuar ofreciendo colecciones de relatos de los mejores autores contemporáneos en nuestra lengua en ediciones impecables. De quitarse el sombrero.
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EL MAGO DEL CUENTO ESPAÑOL
Enviado por Félix el Sáb, 19/06/2010 - 21:15.
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Queridos amigos, aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo aparecida en el blog Agitadoras, a cargo del gran Diego Prado, al que desde aquí envío un fuerte abrazo. La reseña está acompañada de unas fotos que tal vez os resulten un poco extrañas, y que pertenecen a una mesa redonda sobre viajes temporales en las que participé con otros amigos escritores, como Fernando Marías, Patricia Esteban Erlés o José Carlos Somoza:
Podría afirmar rotundamente que Félix J. Palma es un extraterrestre, un ser venido de otro planeta que, aprovechando una dimensión de la realidad vedada a la mayor parte de los demás, lleva años escribiendo libros fabulosos y viviendo entre nosotros tan pancho. También podría enunciar mi opinión en forma de titular sensacionalista, tal que así: vuelve el mago del cuento español. De una u otra manera acertaría, sin duda. Porque al lector que aún desconozca las historias de Palma le bastará con leer este libro, el quinto volumen de cuentos que publica, para darse cuenta de que, efectivamente, mucho hay de magia y prestidigitación en estos relatos.
Tras el tour de force que supuso su monumental novela “El mapa del tiempo” hace apenas un año, Félix J. Palma (gaditano del 68 según dice la leyenda) retorna en estado de gracia al género que le dio a conocer y con el que ha obtenido no sólo todos los premios de cuento habidos y por haber en nuestra geografía, sino lectores incondicionales para los restos.
Esta nueva entrega, titulada con el circense nombre de “El menor espectáculo del mundo”, anuncia ya desde su primer magnífico cuento que el autor no se anda con rodeos. El presagio inicial de que estamos ante un escritor tocado por la gracia divina no hace sino confirmarse a medida que avanzamos en la lectura. Una imaginación a raudales, un lenguaje adornado aquí y allá por bellísimas metáforas, un poderío verbal del mejor cuño y el lirismo característico que le ha venido acompañando desde el primero de sus libros hacen de Palma el más destacado autor de cuentos en lengua castellana de los últimos veinticinco años (con permiso de Hipólito G. Navarro).
La cuentística de Félix J. Palma nace directamente del cuento clásico en su intención de subvertir la realidad, viene tanto de la fascinación intemporal de Poe como la de los grandes autores hispanoamericanos. Pero su visión del mundo es tan insólita y sorprendente que también nos recuerda esa capacidad para trastocar los hechos más cotidianos que poseía el maestro Calders (al que, por cierto, tanto debe el primer Monzó). No obstante, todo lo dicho no es sino un burdo intento por ofrecer unas pocas pistas, puesto que Palma es dueño de un estilo tan brillante y de una inventiva tan fecunda que escapa a cualquier comparación.
Seres desencantados, capaces de fingir que todo funciona aún cuando se están meciendo en el filo del acantilado, parejas desgastadas por el uso y el abuso, viejos que intentan distraerse con la muerte ajena, muñecas que abandonan a sus dueñas para escribirles cartas desde lejos, fantasmas que se comunican con sus familiares garabateando mensajes en la puerta de un retrete, y así hasta lo impensable.
Al inicio he tildado a Palma de alienígena de las letras, de criatura capaz de husmear en los mil repliegues del alma humana para fabular con ello y abducir al lector. Me reafirmo. “El menor espectáculo del mundo” no tiene de menor más que ese provocador adjetivo del título.- 3 comentarios
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UN NARRADOR BRILLANTE
Enviado por Félix el Sáb, 19/06/2010 - 20:37.
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Queridos amigos, aquí os dejo una reseña de El menor espectáculo del mundo, aparecida en la revista web Anika entre libros, a cargo de María Dolores García Pastor (FOTO), a quien aprovecho para enviar un abrazo por sus palabras y su simpatía: ¿Y cómo consigue todo eso este escritor? En primer lugar alumbrando para el lector unos relatos de excelente manufactura. Palma construye las imágenes más hermosas para sumergirnos en un peculiar universo sensorial. Los textos están trabajados a conciencia más allá de la trama. Las palabras, las metáforas, las imágenes… consiguen hacer que disfrutemos del lenguaje en sí mismo, independientemente de lo que se nos está contando, podemos recrearnos en su musicalidad y en su belleza. Y este lenguaje tan poético va siempre acompañado de una mirada ingeniosa y divertida que es la del narrador que nos cuenta la historia, en primera persona casi siempre, y nos hace cómplices. Palma es conocido por su habilidad como cuentista, por su dominio a la hora de introducir elementos fantásticos dentro de la realidad más cotidiana como digno deudor del mismísimo Cortázar. En esta ocasión va más allá y se codea con el absurdo sin que el lector pierda la sensación de realidad, sin privar a sus historias de algo tan importante como la verosimilitud. Es tan precisa su descripción del universo cotidiano y consigue introducirnos de una manera tan palpable en él que lo que viene después, el elemento desestabilizador de esa realidad, no nos parece extraño aunque nos haya sobresaltado en un primer momento al encontrarlo ahí. Con todo ello Palma reflexiona sobre la incomunicación, el amor y el desamor o el absurdo de la existencia, ahí es nada. Después de leerle me uno a los que ven en él a uno de los narradores más brillantes y originales de la actualidad. En cinco palabras: nueve cuentos fantásticos fantásticamente contados. Y sin más preludios, adelante, pasen y lean.
Nueve son los cuentos que componen este libro de Félix J. Palma. Nueve mundos a los que nos arrastra su autor. Nueve universos en los que quedamos atrapados con cada palabra. Me gustan los libros que me hacen sentir, que despiertan emociones a medida que voy paseando por sus páginas y "El menor espectáculo del mundo"me ha hecho sentir, desde sus primeras líneas, emoción, tristeza, ternura, sorpresa… y lo que más me ha gustado: todo ello con una incipiente sonrisa en los labios. Y eso porque su autor es capaz de convertir en extraordinarias las situaciones más corrientes y de quitarle hierro con su sugerente humor a las más dramáticas.
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UN GRAN ESPECTÁCULO
Enviado por Félix el Jue, 03/06/2010 - 16:12.
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Estimados amigos, aquí os dejo una divertida reseña de El menor espectáculo del mundo, escrita por Cristina Monteoliva en su revista web, La biblioeteca imaginaria:
Es verano en la ciudad, y mientras muchos comienzan el peregrinar hacia las playas, los menos afortunados tenemos que conformarnos con las escasas distracciones que ofrece la urbe en esta estación: el cine al aire libre donde proyectan siempre la misma película, el parque del barrio, la verbena de mediados de agosto... Pero, ¿qué es lo que ven mis ojos? ¡Venid conmigo, niños! ¡Han llegado dos circos al descampado cercano a la autovía! Uno es grande y tiene leones y elefantes, una afamada equilibrista que sale cada dos por tres en la tele y una carpa enorme. El otro, modesto en tamaño, tiene un nombre curioso: “El menor espectáculo del mundo”. Su director, un señor con chistera llamado Félix J. Palma, acaba de darme un bonito folleto que habla de sus nueve curiosos espectáculos. ¿Te atreves a entrar conmigo?
Estoy segura de que muchos de vosotros conoceréis a Félix J. Palma, el director de esta modesta empresa (o no tan modesta), en forma de libro de relatos gracias a su afamado espectáculo en forma de novela titulada “El mapa del tiempo”, la misma obra que, de forma tan merecida, está dando la vuelta al mundo. Puede, por tanto, que os sorprenda su incursión en el mundo cuento, un género que, al igual que los circos humildes que recorren los pueblos en verano, tan sólo llega a una pequeña parte de la población (de población lectora, en este caso). Sabed entonces, si estáis dentro de este supuesto, que Félix J. Palma lleva años cultivando con éxito este género aún minoritario en España, que antes de alcanzar el éxito y la fama con su increíble mapa temporal ya hacía las delicias de sus lectores con sus fantásticos (en el doble sentido de la palabra) relatos.
Pero, ¿qué es lo que hallaréis en este volumen? “El menor espectáculo del mundo” está compuesto por un total de nueve divertidos relatos que cabalgan entre la realidad y la fantasía, la mayoría de ellos de larga extensión (estas historias no tendrían la misma intensidad si se narraran más brevemente), todos ellos protagonizados por hombres que, ya sea con voz propia (en la mayoría de los cuentos) o con la voz externa del narrador omnisciente, nos dan a entender que son unos fracasados, fundamentalmente en el campo sentimental. El ingenio de Palma no tiene fin a la hora de meter a estos pobres hombres en las situaciones más inverosímiles, de hacerlos sufrir hasta alcanzar un final que producirá en el lector una sonrisa, un gesto de exclamación o el sobrecogimiento más profundo. Todo ello, por supuesto, con un estilo único, fresco, una forma de escribir que logra la empatía con el lector y en el que no faltan los más originales símiles y el sentido del humor, de una forma u otra.
Entonces, ¿quién determina si una cosa es pequeña o grande? ¿Es la novela el gran espectáculo y el cuento el modesto? ¿Qué historias merecen ser contadas y cuáles no? ¿Es que acaso no es toda una hazaña conseguir que una niña piense que su muñeca se ha ido de viaje y le escribe cartas desde su destino, o el descubrir el secreto de tu amada e intentar seguir estoicamente adelante con el compromiso? ¿No merece la pena prestar atención a las aventuras del ese otro que quiere reconquistar a su mujer gracias a la ayuda del fantasma de su tío, o a las del tipo que se desdobla (dando sentido, por cierto, a eso del “más difícil todavía”) en un intento de dar emoción a un aburrido domingo? ¿Y qué me decís del padre que intenta escapar de un absurdo encierro para rescatar a su hija, o del hombre que piensa que un gato maulla su nombre, o del anciano que intenta cumplir la última voluntad de una amiga, o hasta del vendedor de enciclopedias que acaba celebrando con la anciana que le abre la puerta su cumpleaños?
Como los circos que ofrecen las más sorprendentes atracciones y los más rebuscados efectos, así llegarán a vosotros aquellas obras que venden miles de ejemplares. Gran cantidad de ellas, sin embargo, caerán pronto en el olvido al no tener esa chispa que se queda fija en el alma del lector. Eso no sucede con la escritura de Félix J. Palma, y los cuentos de este autor de los que hoy os hablo, todas estas pequeñas grandes historias cargadas de sentimiento, con tan peculiares tramas de final incierto, permanecerán durante años en la mente de los lectores, como el grato recuerdo del placer de su lectura.
Por eso hoy os digo: ¡Adentráos en la carpa de El menor espectáculo del mundo, amigos! Disfrutad con sus equilibristas, mentalistas y demás. Asombraos con sus pequeñas y grandes hazañas, reír a carcajadas con sus torpezas, emocionaos con la fantasía y la ternura que desprenden estas actuaciones. Pasaréis un rato inolvidable. ¡Animáos ya, niños y niñas!
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